La nena tenía 8 años cuando su vida se convirtió en un infierno. Los vecinos imaginaban que el albañil paraguayo había tenido un enorme gesto de amor al adoptarla, ya que su mamá la había abandonado y no tenía nadie que la cuidara. Pero puertas adentro había un plan terrible y perverso, que el hombre fue desarrollando con tiempo y sadismo, pensando en tener a la niña como una suerte de esclava sexual.

​Fueron cuatro años de sufrimiento, en los que la menor fue sometida en principio a manoseos que luego se convirtieron en reiteradas violaciones violentas. Pero llegó un día en que se animó y huyó. Ya no soportó más ese padecimiento y, a pesar del miedo, decidió escapar de aquella vida terrible. Dejó la casa de su padre en el complejo habitacional A3-2, en Posadas (Misiones) y fue directo hacia lo de su tía en la localidad de Garupá.

Allí encontró la contención que necesitaba y, siendo apenas una niña de 12 años, encontró la fuerza para presentarse en la Comisaría de la Mujer de aquella ciudad y hacer la denuncia contra su padre por violencia de género. Fue el viernes 13 de marzo de 2015, hoy una especie de segundo cumpleaños para esta niña, que a pesar del daño físico y psicológico que sufrió, intenta recuperarse.

Según informó el periódico local Primera Edición, la niña ratificó oportunamente sus cuatro años de sufrimiento, en Cámara Gesell. Relató el proceso de ultrajes desde los manoseos hasta las órdenes para someterla y hasta describió algunas de las frases que debió escuchar: «Preparate para esta noche, para eso te crié, te entrené para esto».

Las pruebas clínicas fueron irrefutables, sus genitales presentaban desgarros compatibles con abusos de vieja data. Y las conclusiones psicológicas acompañaron el padecimiento y señalaron que la menor necesitaría de contención y cuidado con tratamiento dirigido.

El pasado lunes 27 de mayo la historia tuvo una resolución en los Tribunales de Posadas. El acusado, de 68 años, nacido en Santa Rosa (Paraguay) y ahora residente de la capital misionera, reconoció ante la Justicia el daño que le causó a su hija adoptiva durante cuatro años.

La causa, que estaba a cargo de Ricardo Balor en el Juzgado de Instrucción 6, debía iniciar su juicio ante el Tribunal Penal 1 ese mismo día, pero la confesión del albañil frenó todo. Entendiendo que tenía pocas posibilidades de ganar y quedar libre, el hombre firmó su culpabilidad penal con una condena de catorce años de prisión por los delitos de «abuso sexual simple, varios hechos en concurso real, abuso sexual con acceso carnal, también en varios hechos, agravado por la edad de la menor y por la situación de guarda y convivencia».

Ese acuerdo de abreviar la condena había sido propuesto por el fiscal del Tribunal Penal 1, Martín Rau y el defensor particular del albañil.

Los datos del acusado no se difundieron para no perjudicar la integridad de la víctima. Para que los años de la pena comiencen a computarse restará la homologación del acuerdo tras el análisis de los camaristas del TP-1 posadeño.

 

Clarín

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