Waldo Servián Riquelme fue trasladado por Interpol desde Asunción hasta Buenos Aires tras confesar el asesinato que cometió en la Villa 31.

Un fuerte olor alertó a los vecinos de la casa 108 en la Villa 31 bis. Cuando la policía entró a la vivienda no encontró desorden ni puertas rotas o forzadas. Pero sí los restos desmembrados de su dueña, Liliana González. Su marido se había esfumado y llevaba ventaja: el mismo día que la mató y descuartizó con una amoladora se tomó un micro en Retiro con destino a Paraguay.

Ocurrió en marzo de este año. Unos 50 días más tarde, el femicida se entregó en Asunción al verse rodeado por agentes paraguayos que lo buscaban por pedido de la Justicia argentina. Ayer, llegó a Buenos Aires custodiado por Interpol, en un vuelo de bandera nacional desde el país vecino.

Se trata de Waldo Servián Riquelme, un albañil de 33 años sin antecedentes. Aunque al inicio el crimen fue vinculado a un ajuste de cuentas narcos, para los investigadores no hay dudas que se trató de un homicidio de género: «Era muy celoso y la mató», resumieron fuentes de la Policía de la Ciudad a TN.com.ar.

Sin embargo, su mamá contó a este medio que Liliana soportó 15 años de maltratos y violencia. «Antes de que la matara, mi hija me dijo que no aguantaba más, quería que se vaya. Lo denunció a comisaría de la mujer, por eso la mató», dijo Luci Ayala.

Los detectives lograron determinar que Servián asesinó a su esposa la tarde del sábado 16 de marzo. El cuerpo fue descubierto al día siguiente, cuando el homicida ya había cruzado la frontera con Paraguay para refugiarse en casas de sus parientes.

Según dijo su abogado, Alberto Caravallo, el femicida se entregó porque «quiere responder por el hecho y ante sus hijos».

«Quiero que le den la pena máxima. No saben cómo vivió mi hija y cómo murió. Yo sé todo lo que pasaba, desde el principio. Que la Justicia actué con todo el peso de la ley y le den perpetua», reclamó Ayala desde Paraguay.

«Ella trabajó hasta el último día. Lo mantenía. Se levantaba hasta las 5 de la madrugada volvía a la noche, en el medio llevaba a los chicos al colegio. Él no hacía nada, supuestamente porque estaba enfermo, pero no lo estuvo para matarla así», agregó.

Liliana, madre de dos nenes, es una de las 275 mujeres asesinadas en Argentina por violencia machista en lo que va de 2019.

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